miedo

¿Coronaqué?

Bienvenido al 14º episodio de la 2ª temporada del podcast de El bocadillo de Tortilla.

Yo soy Ángel Moya y hoy es martes, 10 de marzo de 2020.

Ya está bien de meternos miedo con cualquier excusa. Ahora parece que toca la amenaza de muerte por un virus nuevo. ¿Lo hacen a posta? ¿Nos alarman demasiado?  Hoy hablo de todos esos miedos que nos meten en el cuerpo y que nosotros seguimos con los ataques de pánico típicos.

Y con esto me despido hasta el próximo episodio, no sin antes recordarte que puedes encontrarme como El bocadillo de Tortilla Podcast en:

Y nada más. Por si no nos vemos, buenos días, buenas tardes y buenas noches.

Payaso

Ahora que tengo tiempo

PayasoBueno, en realidad es que no tenga tiempo de verdad, pero mientras voy cambiando todos los blogs de servidor, he pensado que posiblemente podría escribir algo y así hacer un muy breve resumen de como va la vida por estos lares.

Pues la familia bien, tengo trabajo (hoy día esto es un privilegio y parece que has de dar las gracias por ello), económicamente estoy forrado (la verdad es que no me falta para comer, pero como para muchos, me sobra demasiado mes para este salario) y no me puedo quejar de mi situación.

Pero la verdad es que con estos inútiles que tenemos por políticos, pues pocas esperanzas tengo en el futuro. Sí, ahora es cuando vienes y me dices «pues ponte ahí a hacerlo mejor» y la verdad es que no tengo ni pajotera idea de política, pero sí sé cuando las cosas no se hacen bien y ahora no se están haciendo correctamente.

¿Cómo es posible que se vuelva a votar a alguien que nos encaró hacia la crisis? ¿Acaso en el pasado demostraron hacerlo bien? Y no me extrañaría que si los que hay ahora lo hacen peor (que no van nada mal encaminados), se vuelva a votar a los que estuvieron antes. ¿Qué pasa? ¿No hay más opciones en el mundo? ¿Tan mal vamos que hay que votar al partido antitaurino o al partido pirata para intentar hacer algo de daño a los que seguro van a salir e intentar que no tengan la mayoría absoluta? La verdad es que es muy triste. La verdad es que no tenemos políticos, tenemos el Sálvame tirándose piedras a ver quien la hace más gorda en plan «porque tú», «porque yo», «porque tú más» y el «pues anda que tú»… y así hasta el infinito.

Por favor, señores «políticos», dejen su puesto a alguien que realmente aporte ideas constructivas y no esté constantemente peleándose por a ver quién la ha jodido más y quién la tiene más gorda. No me interesan esas memeces. Pónganse a trabajar para encontrar personas adecuadas y váyanse a gritar al campo a ver si aprenden de los animales que lo habitan. Si antes no creía en ustedes, ahora ya los considero mentirosos y gente que me genera ninguna confianza.

Lo único que realmente me preocupa de esta mierda de crisis es que acabemos pasando hambre o estalle una guerra. Y no lo digo por mí ya que, al fin y al cabo, ya me espabilaría. Quién más me preocupa es mi hijo y la familia.

Sé que ha sido un coñazo de entrada, hablando de política y seguramente nada que te sea nuevo, pero hoy es lo que hay y no hay más. Otro día será diferente.

Foto: ScaarAT

Límites

Hay veces que según con qué personas tienes claro (o más o menos claro) cuales son sus límites: grado de tolerancia a todo tipo de bromas, aguante psicológico, mala leche, qué temas puedes tocar con toda confianza y cuáles no, si les puedes tocar físicamente, si son más o menos afables, si son más de cariños o de collejas… De hecho, si te paras a reflexionar un momento verás que si bien no le deseas ningún mal a nadie, como que te da más igual. Me refiero a que si se cabrean o no les gusta lo que has comentado (por ejemplo), pues mira, ya se calmarán o procurarás disculparte si es algo que has hecho mal, pero en el fondo como que no te preocupa en demasía.

Después tienes ese grupo muy, muy limitado de personas que si bien te caen estupendamente e incluso podrías tener una relación más profunda en todos los sentidos, no llegas a pillarle el puntillo de como tratarlas. Te esfuerzas, pones el máximo cuidado en cada acción, cada palabra para no cagarla que llega a agotar mentalmente cuando tienes un contacto prolongado. Si bien es cierto que con el tiempo puedes llegar a controlar y relajarte en según que momentos, no deja de ser una tarea extenuante. En este tipo de personas cualquier sensación de que hayas causado alguna herida, molestia, enfado o similar te afecta muchísimo más. No puedes evitar pensar constantemente en si le molestó aquello que le dijiste, si aquella contestación fue la correcta, si le interrumpes cuando le comentas algo y no tendrías que haberlo hecho… vamos, una tarea más a tener en cuenta por si no tenías suficiente.

Después está el que si te estás pasando de la raya o bien te quedas corto. Que si disculparse demasiado quizás también le moleste. Que si das la sensación que eres un blando o un poco tiquismiquis. Que si ser demasiado prudente agobia. Que si… que si… que si… Siempre el que si…

No sé si te has dado cuenta, pero la vida es demasiado corta para ir contando reparos y si bien no es correcto hacer daño intencionadamente a los demás (aunque a veces se lo merezcan), tampoco hay que tomarse las cosas tan a pecho. Contempla la posibilidad por un momento, solo por un momento, que para esa persona tú eres como a los que tú tratas lo que te he indicado en el primer párrafo. ¿Qué crees que pasará cuando te des cuenta de una vez por todas? Nada para ella, pero para ti puede que se caiga el mundo encima. Pero no te preocupes que te levantarás. Date tiempo y verás como la vida sigue pero esta vez con unas horas menos.

Así que ya sabes, en tu mano está qué decides, si ir de frente con prudencia o ir con miedo y al final quedarte como estabas o peor.

Foto: royalconstantinesociety

Amigos

Hay gente que tiene un baremo bastante particular para considerar a una persona como amiga, le bastan un par o tres quedadas físicas o bien cuatro o cinco chateos que sean agradables para que tenga esa sensación de amistad infinita. Otros en cambio necesitan algo más que unos años y una relación sólida a prueba de balas. Entonces y solo entonces, a lo mejor se lo piensa y se hace tu amigo. Claro que también existen aquellos que están en un término más o menos medio.

En el caso de los que tienen, digamos, una amistad de sopetón, podríamos clasificarlos de tipo Facebook (en plan eres más falso que un amigo en Facebook). Es como una amistad ligera proclive a los cambios de te junto, ahora no te junto… Para algunos (quizás los más centrados) ese tipo de amistad podría más bien ser como de solo conocidos.

Los que son duros de pelar podríamos clasificar como tipo BeautifulPeople. Estos suelen chocar con los tipo Facebook ya que los últimos se desesperan por conquistar un ente más a su colección particular, mientras que los primeros les revienta tanto acercamiento. Aunque también los hay que les divierte y hacen creer que los Facebook han conseguido su objetivo.

Los Facebook son pesados por naturaleza y si bien se soportan mejor si son atractivos y/o agradables, en líneas generales no suelen ser la mayor parte del pastel, así que no hay más remedio que soportarlos sobretodo en el trabajo donde cualquiera es más vulnerable a este tipo de ataques.

Los BeautifulPeople algunas veces van de divos y se creen que te están perdonando la vida pero a lo mejor es que realmente se sienten solos y tienen miedo que alguien les entre demasiado y les haga sentir vulnerables. Aunque todos sabemos que abrirte a alguien siempre te pone en una postura de vulnerabilidad quieras o no quieras y por eso no quieren enzarzarse en algo complejo. Aunque la verdad es que igual simplemente solo quieren tener muy, muy pocos amigos y el resto como conocidos.

Luego hay otra clase inclasificable. Una que decía una amiga mía: un hombre y una mujer nunca pueden ser amigos realmente. A lo que se refería es que siempre hay un nosequé de quéséyo que puede surgir en uno de los individuos sin que nadie pueda impedirlo. Y aunque siempre habrá personas que no compartan esta afirmación rotundamente porque creen en la amistad verdadera, puede ser discutible y merecer una entrada nueva si interesa ya que el tema puede tener tela.

Foto: juliecampbell

Tonto es el que hace tonterías

Una cosa que me revienta ver en las series y películas americanas son los remordimientos de aquellos personajes que han sido infieles a sus respectivas parejas. Al parecer les escuece tanto por dentro el sentimiento de culpa que tienen que decirlo porque sino parecen que van a explotar. Por supuesto todos rompen la relación aunque en la mayoría (inmensa diría yo) al final se llegan a juntar de nuevo y hacen como que no ha pasado nada. Para el espectador eso es lo correcto o lo que espera. Otra cosa es la vida real.

Y digo yo, ¿no sería más fácil no contar nada si realmente estás arrepentido, quieres realmente a tu pareja y lo que pasó consideras que fue un error? ¿No sería más fácil eso y no pasar por el berrinche de un despecho, sentirse traicionado, rabia, impotencia, dolor, odio y demás sentimientos que surgen cuando pasan estas cosas? Sí, está aquello de que la pareja no ha de tener secretos (eso es muy bonito), pero seamos sinceros, por muy bien avenidas que estén dos personas, también necesitan sus confidencias por inocentes que sean.

Otra cosa que también es para echarse a reír son los motivos que esgrimen: «…estaba borracho…»; «…pasó sin querer…»; «…tú no me hacías caso…»; «…me sentía solo…»… Así hasta el infinito y más allá. A cual más patético. Vamos a ver estos puntos:

  • Si estabas borracho a menos que estuvieras en coma etílico dudo que hayas podido hacer nada y si lo has hecho eso se llama violación. Además, estarás de acuerdo que para nosotros es sumamente difícil mantener una relación sexual si no nos mantenemos de pie y en coma ya no te digo nada. Por cierto, eso de que te atiborraron de Viagra tampoco vale.
  • El «pasó sin querer»… ya, claro. No sé qué pasaría si quisieras. A menos que seas precoz en el asunto del orgasmo, se necesita un tiempo, una preparación, unos roces y demás acciones que necesitan de toda la atención. Vamos, que si en dos o tres minutos no te has dado cuenta de lo que está pasando… háztelo mirar.
  • El que no te hagan caso tampoco es excusa. ¿Verdad que si en tu edad adulta (digamos viviendo con los padres) tu madre no te hace la comida, te la haces tú? No te vas a la vecina (por muy bien que esté… esto… por muy bien que cocine) a que te haga un plato de lentejas. Pues esto es algo parecido.
  • El sentirse solo está bien, pero en vez de buscar otra flor a la que olisquear sus pétalos, puedes autocomplacerte. Aunque esa soledad  la puedes tener en dos estados (o una combinación de ambos): físicamente y mentalmente. Si solo es el primero es fácil: utiliza la imaginación y ya verás que bien te lo pasas, pero si es una mezcla de los dos o bien el segundo… pues entonces diálogo, diálogo y más diálogo. Sí tiene su miga, pero nadie dijo que esto iba a ser fácil.
  • Si no te hacen caso el tema es parecido al punto anterior (excepto en el tema de los estados), así que tampoco vale.

Tampoco nos vamos a explayar con más excusas baratas como las anteriores, por tanto y como te comento, si crees que te has equivocado, has metido la gamba hasta el fondo, la has cagado o todo lo malo que se te ocurra y creas que la persona que te acompaña realmente merece la pena, no la líes más o te arrepentirás. Eso sí, tampoco vale equivocarse constantemente, ¿eh? Eso ya es de rastrero o algo peor y sería recomendable revisar tu estado civil porque a lo mejor no es el correcto (aunque luego está aquello de yo soy yo y mis circunstancias, pero eso ya es otro tema).

Lógicamente, que cada uno actúe según su conciencia.

Foto: aloha orangeneko

Duda

Dicen que es preferible salir de dudas antes que morir con el qué hubiera pasado si… Sí, es posible que sea cierto, pero algunas veces esas dudas no las puedes o no te atreves despejar. Reconozco que hay que ser valiente para enfrentarse a algo que tiene posibilidades de fracasar, pero igual tiene las mismas de salir bien parado. También hay que tener en cuenta las consecuencias de nuestros actos y muchas veces no las tenemos en cuenta, pero claro, el qué hubiera pasado si… seguirá estando vigente. Repito, hay que ser muy valiente para dar el paso.

También es cierto que sin riesgo no hay recompensa (o el que no arriesga no gana) pero, ¿merece la pena la recompensa que supuestamente se va a conseguir? Todo es muy relativo y depende de lo dispuestos que estemos a perder lo inevitable. Porque también es cierto que se van a perder cosas por el camino y es algo que hay que asumir. No se puede tener todo en esta vida y posiblemente sí que merezca pasar el mal trago para después estar en una situación mejor.

Lo que no se puede evitar es asumir nuestra responsabilidad y ser consecuentes con nuestras acciones. Si no eres capaz de cumplirlo, mejor no arriesgar ya que te acabarías destruyendo todo lo que te rodea incluido tú. Y créeme, seguramente no podrías vivir con ello.

Todo tiene su parte buena y su parte mala. ¿Cuánto estarías dispuesto a jugarte por algo supuestamente mejor?

Lo malo de todo esto es que si por un casual te la juegas y ganas, posiblemente al cabo del tiempo te preguntarás si realmente merecía la pena. De cualquier manera dudo que si has ido a por ello sea para peor… Juégatela.

Foto: Joe Thorn