En ocasiones (veo muertos) te sorprenden piezas tan buenas como esta. La verdad es que no conozco al autor por nombre Wahoo y el vídeo es todo un alarde de originalidad (o al menos yo nunca he visto nada igual). Así que para ir acabando bien la semana, te invito a ver y escuchar un poquito de House con este temazo. Yo por mi parte me voy a bajar su LP titulado Take it personal a ver que tal suena.
   Algún que otro ingeniero tenía que ser friki. Y sino que se lo digan a este grupo de Transformers que se divierten de lo lindo con sus creaciones en un baile de disfraces.
   Los anuncios que utilizan cuerpos casi perfectos (por lo menos externamente) ya sea hombre o mujer, son normalmente hechos con un objetivo: llamar la atención del sexo contrario (actualmente también del mismo), pero anda que no alegran la vista. Por cierto, anuncian una especie de galleta rellena por si no te das cuenta. 😉    Para que luego digas que no pienso en vosotras.
   Ya nos estamos todo el mundo preparando para el fin de semana y dejar atrás la dura jornada laboral (o al menos para la mayoría). Ahora toca el divertirse y pasarlo bien. Y como esta semana ha habido sequía de vídeos, hoy un par de versiones de putrum-putrum del bueno. A ver cual te gusta más. Yo me quedo con el primero por la imagen y con el segundo con la canción.
   Entrar en las oficinas de Telefónica es como volver a los años 70 en la época de Franco. El edificio es antiguo, la gente habla de forma castiza profunda, se conocen cualquier tipo de carreteras nacionales… y todavía no sé si es que la gran mayoría de los trabajadores son de Madrid o alrededores.    Se nota que los empleados llevan años trabajando en esta empresa. Un ejemplo: el segundo o tercer día que entré por la puerta, me encuentro un hombre en su sitio de trabajo con la cabeza apoyada en el brazo y este último en la mesa, con la cara hacia la entrada y con los ojos cerrados. No sé si es que estaba meditando o durmiendo, pero la verdad es que tienes que tener muchos galones para hacerlo. Pero eso no es todo. Al rato estaba comiendo pipas en su puesto con todo el ruido y más que puede llegar a hacer el acto de romper la cáscara. Vamos, sin miramientos. Supongo que esto lo hacía para no seguir durmiéndose.    El edificio está pasado de moda. Lo único un poco moderno son los PC’s que se utilizan para el trabajo del día a día, pero desde la entrada hasta los ascensores son de la época del Cuéntame. A la que entras te encuentras con paredes forradas con madera oscura que parecen de un hotel que todavía no ha sido reformado, equipado con muchas bombillas y pocas funcionando, sillones que acusan el paso del tiempo (he visto de más contemporáneos en el chatarrero) y adornos que no sabes que sentido tienen o si tienen alguna utilidad.    Eso sí, lo que no se gastan en modernizar instalaciones, se lo gastan en almacenamiento Symmetrix, clusters por triplicado, servidores potentes… aunque lo que no cambia son las aplicaciones. Aquí se aplica la primera ley de la informática: si funciona, no lo toques.
   Puedo llegar a entender que el día anterior hayas comido algo que no te ha sentado bien y que te provoque flatulencias de esas que yo llamo "calientes". Vamos, de esas que cuando te las tiras te calientan todas tus nalgas y el asiento, aunque el epicentro precisamente está justo en medio.    Pues bien, ya sabes la opinión que tengo de viajar en tren y lo incómodo que puede llegar a ser. Pero hoy ha sido el colmo: a alguien se le ha ocurrido soltar unos de esos pedos que se pueden masticar y saborear. De esos que espesan el ambiente por donde flotan y te cuesta absorber el oxígeno porque parece que las moléculas de metano te taponan la nariz. Seguramente que a mi vecino se le ha quedado los intestinos más relajados, pero las papilas gustativas y olfativas del resto se saturan con el olor nauseabundo. Y para colmo estará pensando: "mejor fuera que dentro".    Vale que haya que desahogarse, pero por lo menos espera a que se abran las puertas del vagón y ello permita que sea más leve el sufrimiento de los demás.