guarro

Nuestro YO misterioso

Trabajo en un edificio relativamente nuevo donde el ambiente y entorno de trabajo son agradables. Dispone de unos cuartos de baño que hasta merecen que se aposenten mis delicadas posaderas, teniendo en cuenta lo escrupuloso que llego a ser. De hecho se limpian aproximadamente a las 10:00, 13:00 y 17:00 horas por profesionales del sector y la mayoría de gente los mantiene limpios. He dicho la mayoría porque una minoría se dedica a hacer lo contrario: ensuciarlos sin llegar a limpiarlos. Pero el problema no es que lo ensucies por el uso habitual y luego, por descuido o dejadez no lo limpies, el problema es que hay gente tan guarra que a pesar de disponer de papel higiénico pegan los mocos en la pared. Sí, es verdad, se puede ser más guarro (ahora mismo se me ocurren otras formas) pero se supone que en esta oficina hay gente con un cierto nivel cultural y académico que no tendría que hacer ciertas cosas, pero ya se sabe que hasta el más inteligente tiene un YO diferente.

Además, cada planta (en este edificio hay 5) tiene dos cuartos de baño que dispone de dos lavabos, cuatro inodoros y tres mingitorios cada uno por lo menos en el de hombres. Teniendo en cuenta que suele haber una empresa por planta, está claro que de dónde son los responsables. A menos que los empleados de otras plantas vengan aquí a miccionar entre otras cosas.

Otro tema es el del tabaco. A pesar de que la empresa permite que vayas a fumarte un cigarro a la calle (luego tienes que recuperarlo), parece ser que para algunas personas coger el ascensor a dicho destino es demasiado engorroso, por lo que deciden fumarse medio paquete en el cuarto del inodoro. Luego llegas tú y cuando sales parece que que has estado en una discoteca.

Total, que por muy civilizados que pretendamos ser, al final siempre ha de destacar nuestro YO más despreciable.

Foto: von Kinder

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La ducha

gato en ducha

Sé que esta entrada me va a suponer que me miren mal, pero hay que echarle huevos al toro: yo no me ducho todos los días.

No sé qué pasa que la gente te mira mal cuando les dices que uno se ducha día sí, día no (en los días del «no» también me lavo, ¿eh?) y además por la noche en vez de por la mañana. ¿Qué pasa, que ya tienes que ser un guarro porque no te duchas dos veces al día con jabón? Luego te dicen, «no, es que así me despejo». Pues perdona pero cuando yo me ducho mi cuerpo reacciona con un bajón brusco de la actividad interna, por lo que acabo casi durmiéndome.

Vale que tampoco hay que hacer como hacían nuestros abuelos que era una vez a la semana como muy pronto, pero joder, que si no hueles (además ahora que bajan las temperaturas) y lo contrastas con gente que te puede dar una opinión objetiva además de cambiarte de ropa, ¿para qué coño has de ducharte 80 veces al día?

Hay gente que te echa el aliento y parece que no se han lavado los dientes en años, pero eso sí, se duchan todos los días. Los sobacos no le huelen ni tampoco el culo, pero la boca… joder con la boca.

También es cierto que hay que saber la actividad de cada uno. Si tienes un trabajo donde te ensucias mucho o haces mucha actividad física, con lo cual sudas, puedo llegar a entenderlo. Así como si tienes un sudor lo suficientemente fuerte como para no pasar desapercibido. Pero si tu vida diaria se reduce a ir al trabajo en coche y/o transporte público, sentarte en una silla 8 o más horas en un ambiente climatizado correctamente, volver a casa y tumbarte en el sofá hasta la hora de dormir… pues la verdad o tienes un problema de olores o de cabeza.

ducha

El otro día, en la revista Muy Interesante leí un artículo que se titulaba «El olor del sexo». Indicaba las partes del cuerpo donde supuestamente excitan que eran, entre otras, las axilas, las ingles y algunas menos evidentes como el cuello e incluso los pies. Y yo me pregunto: ¿qué coño va a excitar ninguna parte si lo único que hacemos es disfrazar nuestros olores (que no pestes) corporales con desodorantes, colonias, perfumes y demás mejunjes?

No es cuestión de volver a la Edad Media pero tampoco se trata de sollarse la epidermis. Vamos, mejor limpios que guarros. Eso está claro.

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