Ayer por fin pude ir a ver el Ultimátum de Bourne, algo que esperaba desde que la vi anunciada en los cines. Por supuesto no me defraudó. Una trama ágil, sin demasiadas florituras que va al grano. Quizás peca en algunos momentos de unos saltos que no quedan demasiado claros, pero son los menos.    Si te gustan las películas de acción sin que sea necesaria la visión de vísceras o explosiones de sangre, además de apenas descansar en toda la historia, te la recomiendo encarecidamente.    DVD’s como estos sí que merecen la pena comprarlos en original.
   Sé que a mucha gente esta opinión no le gustará, pero creo que la religión atrasa a la sociedad o por lo menos no la deja avanzar. De hecho es creer en un cuento del que nadie tiene pruebas y simplemente lo único que se te pide es te tragues la historia sin más por alguien que la contó en su día.    En las religiones digamos moderadas no suelen haber problemas, pero en cambio en las extremistas la cosa cambia mucho. Para muestra un botón.
   No sé si conoces el juego del teléfono: trata de un grupo de gente que se ponen sentados uno al lado del otro y donde el primero dice una frase corta que se la dice en la oreja al de su derecha sin que se enteren los demás. Al que le han dicho la frase se la tiene que decir al de su derecha exactamente igual (también sin que se enteren los demás) y así sucesivamente hasta que llega el último que tiene que decirle al primero la frase, pero esta vez que se entere todo el mundo. Las risas que te puedes echar cuando descubre el primero que lo que dice el último no tiene nada que ver con la frase original. Por tanto, si esto pasa con cinco o seis personas, imagina lo que se deben desvirtuar las historias que se pasan de generación en generación incluyendo traducciones y adaptaciones. Y no hablemos ya de textos escritos como la Biblia o similares.
   ¿Sabes esos días en que es mejor callarse porque sino puedes meter la pata hasta el fondo o, lo que es lo mismo, cagarla? Pues bien, hoy es uno de esos días. Más vale relajarse y dejarse llevar hasta donde te lleve el destino. Luego no vale quejarse.
   El Blog Action Day es una iniciativa de Collis Ta’eed, Leo Babauta y Cyan Ta’eed donde se trata de elegir un día concreto del año para que todos los que escriben bitácoras y se hayan inscrito en la iniciativa, hablen exclusivamente sobre un tema determinado.    El día elegido es el 15 de octubre y la temática es el cuidado del medio ambiente.    Los organizadores dicen que si durante 24 horas todas las bitácoras hablaran sobre este tema, se podría solventar el problema que todos conocemos. Dudo que pueda ser así, pero en cualquier caso no se pierde nada por intentarlo, ¿no?    También se puede donar la recaudación que hagamos en ese día a la entidad ecologista que elijamos.    Así que ya lo sabes, si quieres unirte a dicha iniciativa (en el momento de esta publicación ya somos 1.938), puedes apuntarte aquí.
   María me pasa otro meme esta vez más sencillo: ¿cuándo es mi cumpleaños? Pues para el que lo quiera saber el 4 de junio y para el que no, pues que no se lo apunte. Por cierto, me gustan mucho todo el tema electrónico (consolas, cámaras de foto, ordenadores, PDA’s…) así que ya sabes que puedes regalarme y cuanto más bonito y caro más probabilidad tienes de que me guste. 😉
   Venía yo tan tranquilo hacia el trabajo, cuando veo una pareja mayor (que no anciana) que me hacen señales para que me pare. Normalmente no suelo detenerme a la primera de cambio, pero en ese momento por alguna razón lo hice.    Cuando se acercan me dicen si voy a trabajar (lo cual afirmo) y me piden a ver si les puedo llevar al hospital ya que el hombre tenía al parecer un ataque al corazón y estaban esperando un taxi que habían llamado pero que no llegaba nunca. Por supuesto no me niego y cuando se suben al coche, el comentado taxi aparece por la lejanía a lo cual la mujer se percata, lo comenta y no acaba de subirse del todo. Les digo que como prefieran, que yo les puedo llevar, pero el hombre (blanco como la leche y asfixiándose, supongo, por la dolencia) me coge del brazo con su mano helada y me da las gracias. Acto seguido se bajan del coche, se dirigen hacia el servicio que habían solicitado y les deseo suerte.    No sé cual ha sido la suerte de este tipo, pero cuando prosigo mi trayecto hacia el laboro, le voy dando vueltas al tema y me imagino de que su vida pende de un hilo e igual si les hubiera llevado yo habríamos llegado a tiempo. No sé. ¿Le habrán podido atender antes de ser fatal? ¿Se recuperará? ¿Habrá fallecido? Lo que más me ha marcado es el recuerdo de esa mano gélida sobre mi brazo. La misma que puso mi abuela en mí la última vez que la vi.    De cualquier modo, espero que todo les salga bien o, como mínimo, deje de sufrir.