enero 2009

Amigos del pasado

En la ciudad en la que vivo (bueno, para algunos es más un pueblo grande que una ciudad) alguna que otra vez me encuentro a antiguos amigos con los que compartí muy buenos momentos infantiles. Si bien antes todo eran juegos, confianzas, confidencias, risas y conversaciones variadas ahora, cuando los veo por la calle, las palabras que mantenemos no pasan de «¿cómo estás?; ¿qué tal la familia?; te veo bien…» y similares. Todo aquello que teníamos se ha perdido. Ya no quedamos, cada uno ya ha creado su núcleo familiar y ha cambiado la gente con la que se relaciona.

Algunas veces piensas en quedar con toda esa gente con la que te relacionaste tan gratamente, pero por otra parte te das cuenta que ya no tienes nada en común a excepción de los recuerdos y las experiencias vividas. Así que poco a poco va pasando el tiempo y te vas olvidando del tema hasta que de pronto vuelves a acordarte de nuevo, pero no eres capaz de coger el teléfono y empezar a localizar a la gente.

La vida cambia y con ella nuestros gustos, pensamientos y sentimientos. Añoro tiempos pasados pero supongo que me importan más los presentes. No lo sé. ¿Miedo tal vez? ¿A qué? Es evidente que si te encuentras en la calle con alguien que ha compartido tu infancia sueles pararte y charlar algo, pero nunca será lo mismo por mucho que te esfuerces. Todo cambia. Hasta el tiempo.

Foto: StuSeeger

Amigos del pasado Leer más »

Quejas

Si hay algo que me revienta son las quejas continuadas de lo que sea a las que nunca se les pone remedio. Todos tenemos algo en la vida que podría mejorar pero por alguna razón no se puede cambiar y parece que el único consuelo que tenemos es el quejarnos amargamente y compartir nuestra frustración con los que nos rodean.

Está claro que nunca estamos contentos. Una vez satisfechas nuestras necesidades básicas de supervivencia, no importa en el estado de bienestar en que estemos, siempre querremos más. Buscamos la felicidad plena, pero no nos damos cuenta de que no existe para el ser humano. Cuando creemos que la hemos encontrado nuestra euforia dura unos momentos, días o incluso semanas, pero a partir de ahí empiezan a surgir los inconvenientes que no veíamos o no dábamos importancia pensando que al conseguir la felicidad no les prestaríamos atención.

¿Quién no ha tenido un compañero y/o amigo al que llamamos pesimista? Y lo llamamos así porque siempre piensa que a él le va a pasar lo peor, ve el vaso medio vacío y que son los demás que tienen la suerte de estar mejor. No importan las palabras que le dirijas para que se sienta mejor. Incluso da lo mismo que le soluciones cualquier supuesto problema, él siempre encontrará la parte negativa y le pesará más que cualquier aspecto positivo que le intentes infundir.

No digo que no haya que quejarse, pero como todo, el exceso es malo y perjudica tanto al emisor como al receptor y eso evita que puedas disfrutar de lo bueno que tienes y a los demás los amargas y/o aburres con tus lamentos.

Así que, ¿por qué no te haces un favor a ti a los que te rodean e intentas ver el lado bueno de la vida? Piensa que siempre hay alguien peor que tú, pero también alguien que está mejor que tú, así que no le des más vueltas a las cosas. Simplemente son así e intenta disfrutarlas tal y como llegan. Siempre hay un lado negativo para lo bueno y otro positivo para lo malo.

¿Y qué he hecho yo en esta entrada? Quejarme.

Foto: Nfoka

Quejas Leer más »

Un segundo en la boca

…y recordad chicas: un segundo en la boca y toda la vida en las cartucheras…

Regina do Santos

Ya lo decía Regina do Santos. Las Navidades te pasarán factura en el sitio donde menos te guste. Y es que no se puede tener todo. Que si un polvorón, que si ahora una comilona, que si por este trocito de turrón no me va a pasar nada, que si una copa de cava por aquí, que si ese cocido tiene una pinta fantástica, que ya estoy lleno pero bueno ponme un poco más que parece que me coje, que si ahora no voy a dejar este rincón por no tirarlo…

¿Y quién se resiste a los deliciosos manjares y viandas que nos zampamos por estas fechas? Suerte que para el verano faltan algo más de 6 meses, que sino ya veo a gente hacerse unas acelgas con aceite renunciando a una buena escudella.

Pero ya se sabe que no se puede tener todo y los centros deportivos se están frotando las manos esperando que todas aquellas en mayor medida y todos aquellos en menor medida (normalmente) pasen por sus cajas a pagar por trabajar su cuerpo en esa máquina revolucionaria que te permite gastar 300 kilocalorías/hora. Que es curioso: normalmente pagamos porque nos hagan algo o nos den algo hecho, pero aquí te lo tienes que currar y sudar tú. Y eso no te garantiza que llegues a perder peso.

Otros que también se aprovechan de los daños colaterales de estas fiestas son los centros de dietética, que pagas para que te maten de hambre y te tomas potingues de unas hiervas que no has oído hablar en tu vida, pero que la dietista te dice que eso te ayuda a drenar. Joder, eso de drenar lo sabía por aquello de hacer zanjas con una escabadora, pero ahora me entero que también se puede hacer con mi cuerpo. Total, que te lo tomas y sabe como a sapos podridos. No es que sepas a qué saben los sapos podridos, pero seguro que deben saber a algo muy parecido a eso.

Pero bueno, con fuerza de voluntad y tesón igual para el verano llegas a perder un par de kilos de los 12 que has ganado. Porque, como ya sabes, el cuerpo siempre recuerda el máximo peso ganado y si pierdes algún gramo intentará recuperarlo por todos los medios posibles.

Foto: dotbenjamin

Un segundo en la boca Leer más »