septiembre 2008

Sueño

No sé si es que te adaptas o qué, pero nunca había dormido tan poco y me había adaptado tan fácilmente. No sé si es porque cuando tienes un crío llegas a dormir ciclos enteros o porque la voluntad de tirar para delante ante los tuyos son más fuertes que cuando vas a trabajar. La cosa es que de alguna manera lo llegas a vencer.

El sueño es algo que como no superes te puede acarrear muchos problemas tanto en ti mismo como en la relación con los demás. Te irritas antes, el humor desaparece, tienes ganas de hacer nada, atiendes menos a cosas importantes, te cuesta concentrarte…

Por suerte el cuerpo sabe reaccionar ante esa situación y te hace caer rendido a la menor oportunidad de relax que tengas en el día (aunque malo es si te pilla conduciendo, así que cuidado).

Este sacrificio que llegamos a hacer por nuestros recién nacidos (lo de pasar sueño, claro) se nos olvida por la satisfacción de saciar cualquier necesidad que les surja en los primeros años. Por eso seguimos teniendo más de un hijo, porque olvidamos los traumas pasados y le damos más importancia a los beneficios obtenidos.

Ahora toca sobrellevar todos los problemas que vayan surgiendo (que no serán pocos) y poco a poco hacerse camino en este intrincado laberinto hasta dar con la solución, porque el resto llegará solo y sin llamarlo.

Comienza una nueva etapa.

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Un bichito en la red

Te estarás preguntando (o no) el por qué no actualizo mi bitácora. La razón es bien simple o compleja, según se mire.

Me ha sucedido algo maravilloso que te recomiendo hagas algún día a pesar del sueño que pasas, el desconocimiento, la incertidumbre, desbarajuste del día a día, papeleo a cumplimentar, adaptación crítica y demás asuntos que ni se te ocurren por la cabeza.

El asunto te puede llegar a desbordar, saturar o incluso confundir, pero de lo que sí estás seguro es de lo que recibes a cambio de todo eso y es tan grande que te llena de tal manera que no lo llegarías a experimentar de otra manera.

Mi bichito me tiene absorvido, pero en cuando asimile toda o parte de su grandeza, nos volveremos a leer por aquí.

Ángel

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De vuelta y vuelta

Sí, ya sé que es duro, pero ya estoy de nuevo por aquí (ya amenacé en su día, así que no vale quejarse). Todo lo bueno se acaba así que he vuelto a la oficina convencido de que se haría jornada intensiva y he descubierto que no, que de jornada intensiva nada. Así que voy a regalar en el día de hoy una horita de más sin comerlo ni beberlo. Por listo. Pero la venganza será terrible y me lo cobraré con creces (ahora vendría una carcajada con tono malicioso y con eco). Por lo menos sé que mañana podré levantarme un poco más tarde.

Ahora, con la excusa de que te revisas los cientos de mensajes del correo, te pones al día, te acomodas, configuras el ordenador (ya lo estaba, pero por si acaso), hablas de las vacaciones con tus compañeros, te tomas unos cuantos cafés, vas a desayunar, intentas encontrar la silla que tan bien habías dispuesto antes del mes de agosto, le dices a tu jefe que ya estás aquí (bueno, con esto no tardas mucho), vas al lavabo unas quince veces para eliminar todos los líquidos que te has metido este verano y otras tantas para acostumbrarte al odioso café de las máquinas que a nadie le gusta pero que todo el mundo toma, vas a comer, te entra modorra y te has olvidado a dormir con los ojos abiertos… total que se te hace la hora de salir, no has hecho nada y sales pensando a ver si mañana le empiezas a pillarle el tranquillo.

Que bonito es volver de vacaciones si no fuera por las pataletas que agarramos (interiormente, claro) como cuando teníamos 5 años y no queríamos entrar el primer día de colegio. Que días aquellos en los que te podías permitir hacer un escándalo público sin que te corroyera la vergüenza.

Pues nada, que empiecen los días de sueño, cabreos y estrés, que de aquí a poco ya vienen las Navidades.

estresadillo

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