amor

Límites

Hay veces que según con qué personas tienes claro (o más o menos claro) cuales son sus límites: grado de tolerancia a todo tipo de bromas, aguante psicológico, mala leche, qué temas puedes tocar con toda confianza y cuáles no, si les puedes tocar físicamente, si son más o menos afables, si son más de cariños o de collejas… De hecho, si te paras a reflexionar un momento verás que si bien no le deseas ningún mal a nadie, como que te da más igual. Me refiero a que si se cabrean o no les gusta lo que has comentado (por ejemplo), pues mira, ya se calmarán o procurarás disculparte si es algo que has hecho mal, pero en el fondo como que no te preocupa en demasía.

Después tienes ese grupo muy, muy limitado de personas que si bien te caen estupendamente e incluso podrías tener una relación más profunda en todos los sentidos, no llegas a pillarle el puntillo de como tratarlas. Te esfuerzas, pones el máximo cuidado en cada acción, cada palabra para no cagarla que llega a agotar mentalmente cuando tienes un contacto prolongado. Si bien es cierto que con el tiempo puedes llegar a controlar y relajarte en según que momentos, no deja de ser una tarea extenuante. En este tipo de personas cualquier sensación de que hayas causado alguna herida, molestia, enfado o similar te afecta muchísimo más. No puedes evitar pensar constantemente en si le molestó aquello que le dijiste, si aquella contestación fue la correcta, si le interrumpes cuando le comentas algo y no tendrías que haberlo hecho… vamos, una tarea más a tener en cuenta por si no tenías suficiente.

Después está el que si te estás pasando de la raya o bien te quedas corto. Que si disculparse demasiado quizás también le moleste. Que si das la sensación que eres un blando o un poco tiquismiquis. Que si ser demasiado prudente agobia. Que si… que si… que si… Siempre el que si…

No sé si te has dado cuenta, pero la vida es demasiado corta para ir contando reparos y si bien no es correcto hacer daño intencionadamente a los demás (aunque a veces se lo merezcan), tampoco hay que tomarse las cosas tan a pecho. Contempla la posibilidad por un momento, solo por un momento, que para esa persona tú eres como a los que tú tratas lo que te he indicado en el primer párrafo. ¿Qué crees que pasará cuando te des cuenta de una vez por todas? Nada para ella, pero para ti puede que se caiga el mundo encima. Pero no te preocupes que te levantarás. Date tiempo y verás como la vida sigue pero esta vez con unas horas menos.

Así que ya sabes, en tu mano está qué decides, si ir de frente con prudencia o ir con miedo y al final quedarte como estabas o peor.

Foto: royalconstantinesociety

Contrastes

    Esta mañana en el tren, por alguna razón, me ha llamado la atención una pareja comiéndose a besos. Todo eran miradas de complicidad y sonrisas de oreja a oreja. No importaba que fuera las 6 de la mañana. El sueño no parecía hacerles mella.

    Después de despedirse, él se ha bajado del vagón y se ha dirigido hacia la ventanilla donde estaba sentado. Ella le ha dibujado en el cristal palabras seguramente de amor y con un gesto le ha pedido que la llamara. Él ha asentido y con otro gesto le ha confirmado que lo haría.

    La felicidad y sosiego que se respiraba alrededor de esta pareja contrasta con lo despiadados que podemos llegar a ser los unos con los otros: guerras, asesinatos, maltratos, vejaciones, violaciones…

    ¿No sería más fácil llevarnos bien? ¿Sería posible fabricar una droga que nos hiciera sentir enamorados cada vez que te entrara ganas de reventarle la cabeza a alguien? ¿Por qué nos gusta tanto hacernos daño? ¿Es la autodestrucción una especie de selección natural?

    Quizás necesitamos que en nuestra vida haya logros y decepciones, triunfos y fracasos, amor e ira, confianza y celos. Sé que un mundo de paz, amor y felicidad es una utopía, pero ¿y si lo más grave que pudiésemos hacer es poner el grito en el cielo?