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Gente siendo gente

The Metro way. por JorG Etílico, en FlickrUna de las cosas que siempre me ha gustado cuando estoy esperando algo en un sitio público es precisamente observar a la gente. Y todo varía, lógicamente, donde estés: no es lo mismo en el tren como a la salida del mismo o en la consulta del médico. Nos comportamos de diferente manera y el miedo, la esperanza, el aburrimiento, la prisa y cuantas cosas te quieras imaginar florecen por nuestros poros sin darnos cuenta.

Dependiendo de quien se trate, me gusta mirarle las manos. Éstas dicen mucho de la persona. Puedes ver a una anciana con las extremidades con mejor aspecto que otra mujer de 30 años. Todo depende a lo que se dedique y sobretodo su estatus social. Esto último dice mucho. No es lo mismo una trabajadora que no hace más que fregar suelos a mano que la dueña que se lo manda. Hasta ahí estamos de acuerdo. Pero lo que me hace más gracia son los aires que le envuelven a la mejor acomodada. Es curioso: puede estar forrada de dinero pero va en un vagón atiborrado de gente, de pie intentado mantener el equilibrio entre tanto zarandeo, pero con un estilo que la delata. Es como cuando estás en un atasco y tienes al lado un coche de alta gama: el coche vale 5 veces el mío, pero los dos estamos parados en el mismo atasco. Lo bueno sería que por tener un mejor coche abriesen un carril exclusivo sin retención, ¿no? Para eso te has gastado esa pasta 😉 .

Pero da lo mismo lo rico o pobre que seas porque siempre acabamos solos. No me refiero al sentido físico, me refiero, por ejemplo en el vagón, a que vamos juntos pero estamos solos. Unos no se atreven a mirarse, otros van con su música o lo que escuchen, otros leyendo (y luego dicen que es bueno, total, te aislas como cuando vas jugando con una consola), los que más controlan durmiendo… nos separan kilómetros cuando en realidad estamos al lado unos de otros. Nadie quiere saber nada de nadie o por lo menos no se atreven.

No sé que pasará en un futuro, pero si no nos relacionamos más a menudo es posible que acabemos los unos con los otros por miedo a que nos molestemos.

Foto: JorG Etílico

No hay mal que por bien no venga

Eso es lo que se suele decir en muchos sitios. Sin ir más lejos y como quizás hayas leído, debido a una posible indigestión me veo obligado a recuperarme si quiero seguir sobreviviendo de la manera menos traumática posible, así que tocan sopitas ligeras, pescado, carnes hervidas y demás alimentos para un enfermo de mi categoría. El punto negativo sería lo insípido y aburrido que puede llegar a ser este tipo de régimen, pero como contrapartida consigo además adelgazar un poco.

Otro caso sería que ahora, para ir a trabajar, utilizo el transporte público. Mi ruta es ir desde casa a la estación andando (unos 20 minutos), coger Cercanías (otros 40-45 minutos cuando todo va bien), coger Metro (5 minutos), coger Ferrocarriles Catalanes (otros 5 minutos) y de la estación al trabajo andado (7 minutos). De vuelta hago el mismo recorrido por lo que en total (contando tiempos de espera) me tiro unas tres horas y 10 minutos viajando casi cada día. El punto negativo es que ya sabes como está el transporte público, lo que tienes que soportar (tanto de la compañía de turno como de los pasajeros), el tiempo que pierdes, los olores que hueles… pero por otra parte, se me están poniendo unas piernas… vamos que ni las del Schwarzenegger ese en sus tiempos mozos y eso sin contar el sistema cardiovascular que seguro se me está poniendo de p.m.

U otro más simple, que a casi nadie le gusta que llueva. Te llenas de barro, te mojas, te da frío… Pero a ver si aguantas más de tres días sin beber. Que como no llueva te vas a fastidiar a medio plazo.

Y bueno, hay muchas cosas más que podría sacarle punta para ver su lado positivo, pero se trata de que puedas verlo tú. Si un día lo tienes jodido, piensa que podría ser peor y incluso seguro que puedes sacarle provecho, así que no te desanimes y cuando lo veas todo negro prueba de darle al interruptor de la luz.

Cambio de aires

Llevo un par de días trabajando en otras oficinas de otra población y de momento me estoy aburriendo más que una ostra. No aparecen jefes por aquí, nos han puesto en un sitio llamado ROC (Remote Operation Center) donde se supone que se administran servidores en remoto, nos han dado una serie de tareas de las cuales nadie habla mucho (por no decir que no saben nada), tengo que hacer una consultoría sobre unos temas que no tengo ni idea de que van, los lavabos están en el quinto carajo, llego un poco más tarde a casa…

Pero de lo que sí me alegro es que aunque tengo que hacer dos trasbordos (utilizo RENFE, Metro y FGC) tardo lo mismo que cuando antes iba a las otras dependencias sin ningún cambio de trenes, estas oficinas son más modernas y bonitas, hay muchos restaurantes para elegir menú desde 15 € a 5,50 €, el ambiente de trabajo es muy tranquilo (quizás demasiado), te puedes traer la comida a la oficina ya que dispones de una sala para ello, el entorno es agradable, duermo más…

Lo único que echo de menos es poder empezar con algo tangible y que tenga pies y ojos. Si no me cambian de lugar, seguramente estaré más a gusto por aquí de lo que he estado en el resto de trabajos.