compañero

Recuerdos que vuelven

Office layout por El Fotopakismo, en FlickrEsta semana he estado en una cena donde tres ex-compañeros de trabajo se pre jubilaban. Pasé algo más de 9 años trabajando con ellos y la verdad es que también tuve momentos muy buenos. De los malos prefiero desecharlos, aunque al ser yo una persona que más bien se entromete en pocas cosas, de esos casi no tengo.

Recuerdo como entré: limpiando monitores, impresoras y todo aparato electrónico relacionado con la informática. Si bien yo ya era un técnico novato y eso de limpiar no estaba entre mis obligaciones, sí que lo estaba en el contrato de mantenimiento, así que me tocó pasar el trapo con el limpia cristales. Eso sí, acabé administrando los servidores (no todos) de la empresa. Yo simplemente era un subcontratado que pasaba más tiempo allí que en la empresa a la que pertenecía, por lo que tenía aquella extraña sensación que no era de allí pero parecía que lo era.

Como he dicho, me solía meter en mis asuntos y de muchísimas cosas que pasaban por mi lado ni me enteraba. Esos chismorreos que tiene cualquier empresa. Sé que algunas veces me encierro demasiado en mí mismo, pero no lo podía evitar. Aunque si podía enterarme de los divertidos, lo intentaba. Por ejemplo recuerdo el salvapantallas que según un empleado era sensible al sonido (pegaba tal golpe a la mesa que se movía el ratón y se desactivaba, aunque le intrigaba que no le funcionaba haciendo palmas); o aquel otro que llamaba cárceles a las celdas de la hoja de cálculo (incluso rellenaba la equivalencia euro/peseta de una larga lista de cantidades utilizando una calculadora de mesa y poniendo los resultados en las «cárceles»); rumores de lesbianismo en los lavabos; la empleada deportista que te hacía el pino en menos antes de que le dijeras que lo hiciera (en falda se lo pensaba un poco más) y alardeaba de haberse operado las tetas y llevar siempre tanga; jefes que te estropeaban algún tipo de hardware y luego te lo hacían pasar por mantenimiento; algún personaje pintoresco que hacía más de 12 horas diarias, tenía una lista de lo que debía que comprar esa semana (no sé de dónde sacaba el tiempo) así como el currículum de su novia que indicaba en el apartado de aficiones que le gustaba ir de compras…

En la cena faltó gente, bien por desavenencias, bien por malentendidos o por lo que sea. Es una pena que todo el mundo no se pueda llevar bien o por lo menos llevar. Cada uno somos como somos y cuando llevas tanto tiempo puede ser muy chungo. Siempre hay roces y como decía un ex-compañero: es imposible llevarte bien con todo el mundo y si dices que lo haces es que eres un falso.

Es triste, pero el lugar de trabajo es un campo de batalla donde se libra una guerra y nadie es tu amigo (y el que dice serlo, miente). Eso sí, intenta pasarlo lo mejor posible, porque has de pasar muchas horas con esa gente y a quien no soportes intenta evitarlo.

Foto: El Fotopakismo

Cuando algo terminó

No sé si te ha pasado alguna vez, pero recuerdo que cada año lo mejor de las vacaciones siempre pasaba la última semana. Cuando te tenías que ir era cuando prácticamente congeniabas con todos tus nuevos amigos, te hacía caso la chica aquella que pasaba de ti al principio del verano y que te hicieron chirivitas los ojos en cuanto la viste, te reías más, te lo pasabas mejor y más a gusto estabas. Todo esto solía pasar en la adolescencia y en raras ocasiones en la vida adulta. Ya sé que es un estado psicológico, pero te hacía sentir tan bien…

Este viernes pasado estuve en una cena con mis últimos ex compañeros de trabajo y la sensación que me dejó esa experiencia fue como la última semana de vacaciones. Todo son buenas intenciones, compañerismo y risas. Siempre compartes correos electrónicos, teléfonos, dices que tenemos que volver a quedar, que esto se tiene que repetir, pero sabes que no va a ser así. Cada uno seguirá con su vida y si al cabo del tiempo te llegas a encontrar con alguien, tendrás tan pocas cosas en común que te será difícil mantener una conversación mínimamente extensa. Hablarás del trabajo, como te ha ido desde que te fuiste y poco más.

La magia se va, se oxida la añoranza y piensas que aquel tiempo pasado fue mejor y que no volverás a encontrar nada igual. Es cierto, cada momento es único, lo malo de todo esto es que solo nos damos cuenta cuando ya lo hemos dejado atrás y no hay forma de volver a ello. Aunque la vida da muchas vueltas y nunca sabes lo que pasará mañana.