Formas de ver el mundo

Dentro de poco tendré que asumir las tareas de otro compañero de mi empresa. Al parecer éste se marcha a otro sitio no porque esté mal aquí, al contrario, se encuentra muy a gusto, pero dice que ya tendrá tiempo de estar cómodo. A él lo que le interesa ahora es formarse en otra empresa ya que en esta no ve que su carrera evolucione y por tanto prefiere aprender, aunque esté incómodo, que dormirse delante de la pantalla de un ordenador.

Es curioso como cambian las preferencias según la edad de las personas. Cuando uno es joven tiene ganas de comerse al mundo y conforme te vas haciendo mayor te das cuenta de que el mundo es demasiado para ti. Es como cuando ves un pastel muy apetitoso y a la que le has pegado cuatro bocados ya estás empachado. Además te vas dando cuenta que ese pastel no es tan bueno como habías creído y empiezas a encontrarle defectos.

Al principio todo son idealismos y ganas de cambiar las cosas, pero cuando llevas mucho tiempo metido en la rueda y ves como unos se aprovechan y otros se desgracian, se te van quitando las ganas de seguir luchando por lo que en un principio creías que era lo justo.

Al final acabas siendo un número más que espera a que le llegue su jubilación lo antes posible haciendo el mínimo esfuerzo y esto nos conduce a que unos quieren exprimir hasta la última gota y otros quieren esforzarse lo menos posible. Un círculo vicioso que me parece que no se solucionará tal y como hemos montado el mundo.