Hay pocas cosas que me gusten del verano. Reconozco que soy más de invierno que de la época cálida. Claro que hay cosas que sí me gustan: los modelitos que se ponen algunas mujeres, las tardes a partir de las 20:00 horas (cuando comienza a refrescar), los helados, las vacaciones, bañarme en la playa (que no la playa), las tormentas de agosto… y seguro que me dejo unas cuantas más.
Lo que no me gusta de la época estival: el calor, los cambios bruscos de temperatura, el mogollón de gente paseando por la tarde, el espacio que ocupan los bares en las aceras con sus mesas y sillas, los atascos a pleno sol, el calor, los días más largos, los mosquitos, la arena de la playa, los que ponen a todo trapo la música en la playa, el calor, las clavadas de los chiringuitos, los olores corporales en lugares donde no te es posible apartarte, las fiestas con organillos donde se tocan títulos populares (como pasodobles, el tractor amarillo, paquito chocolatero…), que se te hinchen los dedos, el sudor que se te mete en el ojo… y muchísimas cosas más. ¡Ah! ¿He comentado que no me gusta el calor?
Todo esto no sé si será por ir contracorriente, ya que a todo el mundo que conozco le encanta el verano, porque en otra vida viví en el trópico y lo pasé muy mal o porque soy demasiado caliente (ahí dejo la puerta abierta a la imaginación). Lo importante es que el verano me mata cada año y la verdad es que no lo paso nada bien.
Sé que esto no le va a gustar al 99% de la población, pero espero que este año el calor no se cebe con nosotros (o por lo menos conmigo) y nos deje vivir con tranquilidad y armonía (que bonito).
Normalmente suelo salir de casa camino al trabajo sobre las 05:50 horas aproximadamente todos los días y si bien no suelen pasar cosas más allá del poco tráfico reinante o el panadero distribuyendo su pan precongelado, ayer habían unos nuevos personajes (en su mayoría de etnia gitana) distribuidos cerca de los semáforos y/o esquinas. Se estaban preparando para aprovechar el día al máximo vendiendo rosas a todos los transeúntes y conductores que osaran acercarse lo más mínimo a su parada, aprovechando el día de San Jorge (o Sant Jordi en Cataluña).
La tradición manda que el enamorado regale a su amada una rosa roja (ahora las venden de todos los colores) y la mujer un libro, haciendo todo este tinglado una jornada de lo más comercial y casi superado por el día de los enamorados o San Valentín.
La verdad, yo no sé qué han hecho los pobres santos para que se les tome como excusa y utilizarlos para cualquier cosa que sirva para vender. Si levantaran cabeza…
El tema es que de regreso a casa no dejaba de decir no constantemente a todos los que me ofrecían la susodicha rosa de los cojones. Me he cambiado de acera, he pasado rápido, he hecho como que no hablaban conmigo y no sé cuantas cosas más para evitar la avalancha de vendedores. No sé si ha sido por mi atractivo físico (lo dudo), por mi forma de caminar, por evitar sus miradas o por llevar, sin yo saberlo, un cartel pegado a mi espalda diciendo todavía no he comprado una rosa, por favor, quiero que me la vendas tú.
Eso sí, antes de llegar a casa me he pasado por la floristería que tengo cerca de donde vivo y le he comprado una rosa a mi amada.
Tengo un primo que siempre me ha sorprendido por las historias que contaba. Fuese lo que fuese casi siempre era algo interesante y espectacular. Hasta que un día fuimos a un sitio juntos e hicimos lo mismo los dos. Cuando volvimos y le escuché contar lo que habíamos hecho, me sorprendió lo que contaba. Yo también estuve ahí, pero la historia que contaba parecía que no fuese la misma en la cual había participado. Todo lo que contó era cierto y no se inventó nada, podía dar fe, pero la forma de decirlo parecía de un mundo paralelo.
Reconozco que no se me da tan bien contar las historias como mi primo, pero ahí entendí que su vida no era tan emocionante, simplemente era una vida más como cualquier otro aunque explicada de una manera interesante (supongo que se debería dedicar a la mercadotecnia, donde estoy seguro que triunfaría). Es más, creo que las vidas realmente interesantes son aquellas a las que no tenemos acceso o son privadas, pero como tales supongo que nunca nos llegaremos a enterar.
También es cierto que me da cierta envidia el no poder explicarme de esa manera, así que normalmente no atraigo a las masas. De hecho creo que más bien soy uno más de esas masas. Tengo pocas dotes de liderazgo y soy bastante conformista (con un límite, claro). Y aunque me suelo dejar llevar por la corriente, también me gusta cuestionar cualquier afirmación.
Envidio muchas de las dotes de mis congéneres y en cambio no valoro lo suficiente las que tengo. Creo que voy a tener que plantearme la valoración que tengo de mí mismo o acabaré lamentándome lo que no llegué a hacer cuando lo podía hacer. Además, debido a mi estado anímico, hoy no es un buen día para plantearme estas cosas. Además, estoy pillando un cabreo…
Hay una frase que he escuchado en varias ocasiones y suena algo así como no desees algo mucho porque un día puede que se te cumpla. Si lo piensas fríamente parece una tontería, ¿quién se va a arrepentir de conseguir algo que estás deseando tanto? ¿O es que se refiere a la posibilidad de que tus deseos se te pueden volver contra ti?
Pues imagina por un momento que sueñas con ese coche nuevo, esa vecina o vecino de enfrente, ese ascenso tan preciado, el gordo de la lotería o qué sé yo. La cuestión es que sea algo que le vayas dando vueltas casi todos los días por tu cabeza. Que realmente sea algo importante para ti. Da lo mismo que sea material, moral, emocional, económico…
Ahora vuelve a imaginar que tu sueño, ese que tanto anhelas, por alguna razón sabes que tiene muchas posibilidades de caer en tus manos y que ahora está más cerca que nunca. Podríamos decir que tienes un 95% de posibilidades. O mejor aún, que lo tienes delante de tu nariz esperando a que simplemente lo cojas. ¿No da un poco de miedo? ¿No preferirías seguir deseando a tenerlo definitivamente? ¿No te preguntas qué pasará una vez lo tengas en tu poder? Igual no es lo que esperabas. Es posible que no cumpla tus expectativas. ¿Y si te conviertes en un rey Midas?
Según en que momentos me gustaría desear más que tener, más que nada por los miedos que puedan aparecer, pero en otros… ay en otros…
Algunas veces te puedes llegar a plantear el por qué de los sacrificios que llegas a realizar. Y no me refiero a esos sacrificios reales, sino los sacrificios más bien banales, aquellos que te van machacando día tras día. Si bien no tienen demasiada importancia, de vez en cuando sí empiezan a notarse cuando se repiten día tras día. Algo tan simple como el levantarse la mayor parte de la semana a una hora intempestiva, hace que vayas acumulando algo que luego tiene que reventar por algún sitio.
Supongo que para superar situaciones así lo mejor es tener algún tipo de motivación que te ayude a seguir y dejar un poco de lado el sufrimiento que te produce la acumulación de pequeñas cosas del día a día. Por supuesto que no es nada fácil (ni encontrar la motivación ni olvidar lo que te está pasando), pero si buscas seguro que encuentras. Pueden ser cosas tan simples como el chico ese que ves cada mañana en el autobús, los compañeros (o el compañero) de trabajo, ver amanecer, respirar aire puro si sales fuera de la ciudad, la panadera que te sirve la pasta y el café, los buenos días sinceros de un amigo… Cada uno se puede buscar la motivación del día.
La lástima es que no siempre es fácil y te llegas a desanimar. Por tanto y por tu salud, te recomiendo que por lo menos lo intentes o sino conseguirás amargarte lo que te queda de vida y créeme, puede hacerse muy larga en esas circunstancias.
Esta mañana en el tren, por alguna razón, me ha llamado la atención una pareja comiéndose a besos. Todo eran miradas de complicidad y sonrisas de oreja a oreja. No importaba que fuera las 6 de la mañana. El sueño no parecía hacerles mella.
Después de despedirse, él se ha bajado del vagón y se ha dirigido hacia la ventanilla donde estaba sentado. Ella le ha dibujado en el cristal palabras seguramente de amor y con un gesto le ha pedido que la llamara. Él ha asentido y con otro gesto le ha confirmado que lo haría.
La felicidad y sosiego que se respiraba alrededor de esta pareja contrasta con lo despiadados que podemos llegar a ser los unos con los otros: guerras, asesinatos, maltratos, vejaciones, violaciones…
¿No sería más fácil llevarnos bien? ¿Sería posible fabricar una droga que nos hiciera sentir enamorados cada vez que te entrara ganas de reventarle la cabeza a alguien? ¿Por qué nos gusta tanto hacernos daño? ¿Es la autodestrucción una especie de selección natural?
Quizás necesitamos que en nuestra vida haya logros y decepciones, triunfos y fracasos, amor e ira, confianza y celos. Sé que un mundo de paz, amor y felicidad es una utopía, pero ¿y si lo más grave que pudiésemos hacer es poner el grito en el cielo?
Hace tiempo que estoy harto de leer en foros comentarios que parecen sacados de un SMS, así que en la firma de todos en los que comentaba puse una imagen del Comité Contra las Faltas Voluntarias y el Lenguaje SMS (CCFVLS) protestando sobre el uso intensivo y maniático que tiene la gente de escribir mal. Y hoy en La Vida Es Asín, me reafirmo y además secundo la protesta que ha lanzado Pilix de las 10 cosas que podrían molestarme si leo tu blog. Esto no significa que no tolere errores (todos los cometemos), pero sí un poco de decoro a la hora de escribir para expresar tus ideas sería muy interesante.
Así que ya sabes: o nos aplicamos el cuento o van a ver ondonadas de ostias.
Hace poco que he estado hablando con alguien que me dice que se aburre. Le he sugerido que salga, que en la calle hay mucho donde elegir y tampoco tienes que gastarte mucho dinero, pero me ha dicho que no, que prefiere seguir así. Yo no lo entiendo. Hoy día el que se aburre es porque quiere o porque está tan alejado de la civilización que está harto de ver pajaritos, piedras, árboles y demás enseres de la naturaleza. Vale, ahí me rindo, pero en la mayoría de situaciones es complicado aburrirse. No le des ninguna oportunidad al aburrimiento: lee, pasea, monta en bicicleta o mira una película. También puedes chatear con un desconocido siempre y cuando tenga algo interesante que decir.
Ahora que me he tranquilizado, ya puedo escribir con calma y decir que estoy hasta los cojones de la puta RENFE y su tren de las 06:22 horas. Nunca llega puntual. Y es algo que no entiendo porque el de las 06:14 va como un reloj todos los días (o el 98% de las veces). Estoy de acuerdo que algún día falle por algún tipo de problema, pero es que llevamos más de dos semanas que lo mínimo que se retrasa son 7 minutos. Aunque si bien es cierto que tampoco se va a acabar el mundo por esos 7 minutos, te cabrea que hayan unos horarios y no se cumplen. En vez de poner la hora de paso por la estación a las 06:22, que ponga “sobre las seis y ventipico” y así todos contentos y más o menos llegaremos sobre esa hora.
Pero hoy ha sido un poco diferente ya que normalmente si se retrasa mucho entonces pasa el tren que va a Vilafranca del Penedès y suele ser bastante largo, por lo que entonces toda la gente que se ha estado acumulando en el andén se puede sentar cómodamente. Pero hoy aparte del retraso ha pasado el de L’Hospitalet con la consecuente acumulación de viajeros.
Tanto que se nos llega a exigir por parte de cualquier empresa en el pago y obligaciones, tendríamos que exigir también nosotros cuando se incumple nuestros derechos más básicos.
Este fin de semana he chateado con una vieja amiga (ella no lo es) y un nuevo conocido venezolano. Si bien la primera no recuerda algunos momentos de su vida en un viaje de fin de curso (ella sabrá por qué), el otro no ha sabido responder a la pregunta que le he hecho sobre el motivo a contactar conmigo. Seguramente ha visto mi seudónimo y se ha pensado que era una jovencita adolescente. Es lo que tienen en común los viejos amigos y los posiblemente nuevos: poca cosa (¿acaso pensabas que iba a escribir algo filosófico?). Pues venga, menos tonterías y más movimiento.
Normalmente hay pocas cosas que me molesten cuando voy por la calle (bueno, excepto cuando llego a Barcelona que me molesta todo), pero existe una especie de moda que me empieza a tocar lo que no suena y nunca mejor dicho.
Recuerdo que la primera vez que vi y oí a alguien en el tren con un móvil en la mano y reproduciendo un mp3 a lo máximo que da un pobre y desgraciado altavoz, me sorprendió y pensé que solo se trataba de un caso aislado. Además, eran sudamericanos y pensé que igual era habitual en su país ir de esa manera. Craso error. Si bien en aquel momento era gente del otro lado del charco, también me he cruzado con gente del otro lado de la calle.
No sé que se pretende con esto. Si ya es molesto que un moderno, como le llamo yo, vaya con el coche tuneao, las ventanillas bajadas (da lo mismo que esté a 3 grados bajo cero) y la música a todo trapo, más molesto es que alguien que tienes al lado esté con el último éxito de los 40 criminales machacándote con el sonido chirrioso de un altavoz que no está diseñado precisamente para una reproducción en alta/media/baja fidelidad. Con el del coche por lo menos es un momento o como máximo lo que dura en ponerse en verde el semáforo, pero con el del móvil…
No sé que se pretende con esto. Igual se piensan que así molan más. Igual no saben que existen los auriculares. Igual se piensan que solo lo oyen ellos. Igual es una variante del vecino de toalla en la playa en versión diminuta. No sé, la verdad. Y sí, es cierto que ni yo ni los que participamos en la audición nos llegamos a quejar en ningún momento. Pero claro, ya se sabe: la educación, que te limita bastante.
O eso es lo que la mayoría de la gente busca. Estoy seguro de que si preguntara dónde te gustaría estar ahora mismo, creo que la respuesta de la mayoría sería en algún lugar del trópico o similar. Y eso que precisamente mucho frío no está haciendo este invierno. Pero bueno, si tienes frío un poquito de calor musical seguro que no te va mal.
No sé si es que la contaminación, el edificio donde trabajo que está enfermo, mi compañero que no se cuida, la RENFE, el puto tabaco que me trago de los transeúntes o que paso más tiempo en la calle, pero llevo una racha de resfriados y gripes que no me había pasado donde trabajaba antes en 9 años. He pasado una noche de perros y si he dormido 2 horas, creo que ha sido mucho. Mucosidad, frío, calor, sudores… y una serie de síntomas que molestan. Ahora mismo estoy como un zombi y me duelen las articulaciones, las costillas, el cuello… vamos que estoy hecho una braga. Sé que me toca aguantar tres días de subida y otros tres de bajada (creo), así que me armaré de paciencia y espero que no se ensañe demasiado el virus conmigo.
Y hablando de mucosidad, he visto guarros en el tren, pero como el de esta mañana hay pocos. Un tipo que estaba a mi lado (no muy cerca por suerte), ha cogido el piéde la camisa por delante, le ha dado la vuelta y se ha sonado la nariz sin darse importancia. Vamos que seguro que no se le saldrá la camiseta porque bien pegada se le va a quedar en la barriga. Joder, que asco me ha llegado a dar. Pensar que tendrá todos sus mocos por dentro, calentitos… Y eso me ha recordado que vi a otro hace un par de semanas o así con un mocarro colgando de la nariz de esos viscosos y blancos… brrrr, se me está revolviendo el estómago.
Deben ser las pasadas fiestas, pero cuando intento sujetarme a la hora de comer, mi mente puede más que yo. Hay momentos que parece que controlo, pero hay otros que no hay manera. Como vaya con hambre soy capaz de empezar a engullir hasta dejarme limpio el plato y seguir buscando para ver qué queda en el puchero.Supongo que el que tenga guarrerías en casa también influye el que no deje de buscar esas sobras hipercalóricas que por alguna razón no se han consumido cuando debieran.
La comida debería ser tratada como el alcohol: produce dependencia. De hecho me hacen gracia esos anuncios que gritan a los cuatro vientos que suproducto sacia el hambre. Ya. Lo que pasa es que normalmente el problema no es el hambre, es la gula y el ansia que te hacen engullir con el estómago lleno y hasta que no estás que revientas no paras de comer. Si el abanico de posibilidades para elegir alimento no fuese tan grande, igual hasta estaríamos más delgados. Claro que también me puedes decir que haga deporte porque es sano y todas esas razones supuestamente de peso, pero cansa, me da más hambre y cuando me hastío me engordo 10 Kg en dos días.
Yo lo que no quiero es que me engorde hasta el aire que respiro. Yo lo que quiero es tener un intestino que no aproveche tan a fondo lo que me zampe por mi boca o que pueda modificar a placer: ahora aprovecho, ahora no.